Seamos sinceros, a todos los amantes de los juegos de mesa (sobretodo a los que hemos crecido liderando ejércitos de Warhammer y jugando «Ameritrashes«) nos gustan las miniaturas bien hechas. Pero además de remarcar esto último de «bien hechas», también añadiremos la etiqueta de «bien producidas», para ir allanando el terreno a los lectores de este artículo.

Hoy hablamos de miniaturas, pero concretamente, de cómo estos trocitos de plástico que antaño ilusionaban y aportaban ambientación extra a los juegos, han ido evolucionando hasta la fecha de hoy para convertirse en la excusa perfecta para encarecer un producto. Como siempre, escribimos una visión basada en experiencias personales que pueden ser compartidas o no.

Cuando las miniaturas molaban

No queremos parecer viejos cascarrabias afirmando que lo pasado era mejor, pero antes de que llegase el actual boom de los juegos de mesa, muchos ya los jugábamos y disfrutábamos décadas atrás. Y por ello hemos podido ver (entre muchas otras cosas) cómo ha ido evolucionando el mundo de las miniaturas: desde el mítico Heroquest, pasando por la época dorada de Warhammer, hasta llegar a cualquier proyecto de CMON de los últimos años. En ese pasado cercano prácticamente todo juego que incluía miniaturas molaba, combinando componentes de calidad con mecánicas interesantes. Aunque por entonces eran pocos los juegos que incluían miniaturas, al suponer una producción lenta y costosa.

Warhammer Fantasy

Pero todo esto cambió a raíz de una serie de elementos que entraron en escena e influyeron en todo el sector. Por un lado, el público y los consumidores de los juegos de mesa aumentaron drásticamente. Y por otro lado, el boom del crowdfunding (micromecenazgo) hizo posible que cualquier editor independiente diera vida a sus proyectos. Pensamos que estas nuevas sendas que han revolucionado el mundo de los juegos de mesa, son un arma de doble filo, y aunque nos están ofreciendo más títulos que nunca, está volviendo al sector más comercial.

La deriva comercial de las miniaturas

No queremos que os llevéis una impresión equivocada al leer las anteriores líneas. Para nosotros el crowdfunding es una herramienta maravillosa y sin ella seguramente nunca hubiéramos iniciado nuestra carrera. Solo queremos señalar que cada vez nos topamos con más proyectos fallidos o desilusionantes que han tropezado por realizar una producción equivocada relacionada con las miniaturas.

Seguro que ya os podéis imaginar por donde os estamos llevando, además el título de este bloque lo dice todo. Sabemos que las miniaturas siempre fueron un reclamo comercial, un componente atractivo que tenía como objetivo seducir a las carteras. Pero en los últimos años se han estado convirtiendo en algo más, sirviendo para tapar carencias de sus propios juegos, normalmente agujeros en las mecánicas o escasez de contenidos. Esta situación nos ha hecho reflexionar y enumerar nuestras experiencias al respecto:

Miniatura de «El Padrino: El imperio Corleone»
Doom, el juego de mesa

En definitiva, ¿realmente las miniaturas son tan necesarias en un juego como para pagar 100 o más Euros por él? Hemos llegado a un punto en donde parece que todo juego de mesa debe poseer miniaturas, independientemente de la calidad que tengan. Y en el fondo todos sabemos que cuando empezamos una partida, las miniaturas pierden toda su atención porque lo importante son las mecánicas de juego.

¿Son necesarias las miniaturas en un juego de mesa?

Tenemos muy claro que en wargames son útiles y prácticamente obligadas pero, ¿realmente son necesarias en todos los géneros? Pensamos que no. En la mayoría de los juegos las minis no aportan mecánicas específicas, simplemente representan la posición de un personaje o enemigo sobre el escenario. Y esta función es algo que pueden realizar perfectamente los peones de cartón troquelado, más baratos de producir.

Todos sabemos que muchos juegos habrían sido mejores y verían mesa en más ocasiones si en lugar de haber invertido en tanto plástico, hubieran usado peones troquelados y empleado el presupuesto sobrante en ampliar el contenido jugable. Por suerte, siempre hay editoriales que hacen bien las cosas, justifican mejor el precio de sus juegos al añadir mucho contenido y usar las miniaturas lo justo y necesario. Mencionaremos Scythe o Gloomhaven, títulos muy aclamados por las masas que han sabido hacer una producción correcta de sus miniaturas.

Peones troquelados y miniaturas de Gloomhaven

Las miniaturas en Temple

Como siempre, nos gusta terminar los artículos cruzando el tema de debate con nuestro juego en desarrollo, «Temple: El Sanatorio de Ichnar». Como ya informamos en su momento nuestro juego no tiene miniaturas. Héroes y enemigos son representados por peones troquelados insertados en bases de plástico.

En las primeras fases de desarrollo de Temple tuvimos que debatir esto seriamente. Como editorial independiente recién llegada al sector y sin títulos en el mercado, invertir en una costosa y arriesgada producción de miniaturas para representar a todos los héroes y enemigos del juego, nos obligaría a «recortar contenidos» para que el precio final fuera competitivo. Y esto es algo que no íbamos a permitir, no queríamos sacrificar mecánicas, modos de juego adicionales y elementos extra de escenario para hacer plástico. Y eso hemos hecho, centrarnos en lo que verdaderamente importa, el contenido que hace que un jugador se introduzca de lleno en una partida y pegue bien su culo a la silla durante horas de diversión.

Diseño de peones troquelados de Temple.

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